El ØJournal
¿Es Louis Vuitton una marca old money?
Lo que los logos, el lujo discreto y los códigos de reconocimiento dicen de nosotros.
Por Lu · 13 de septiembre de 2026
Imagina una serie de looks de Louis Vuitton y Brunello Cucinelli sin ninguna etiqueta.
¿Podrías identificar cuál pertenece a cada marca?
El sentido común diría que sí.
Pero la respuesta podría revelar algo mucho más interesante que decidir simplemente quién tiene mejor gusto.


El lujo suele reducirse a una ecuación sencilla:
- El lujo discreto equivale a refinamiento, discreción y old money.
- La logomanía equivale a mal gusto, ostentación y new money.
Es una división cómoda. Hace que un lenguaje social extremadamente complejo parezca fácil de descifrar.
Pero faltan dos aspectos importantes.
En primer lugar, no estamos necesariamente ante dos niveles de gusto.
Quizá estemos ante dos cosas distintas que le pedimos a la moda.
La primera es la moda para nosotros mismos.
Utilizamos objetos, prendas, materiales y siluetas para expresar algo de quienes somos. El placer puede seguir siendo casi privado.
Puede estar en el tacto del cashmere sobre la piel, en la caída de una chaqueta o en un detalle cuya existencia solo conoce quien lo lleva.
La segunda es la moda para los demás.
Aquí, un objeto nos ayuda a hacernos comprensibles para un grupo. Puede señalar pertenencia, aspiración, éxito, gusto o acceso antes de que empiece una conversación.
Los seres humanos siempre han utilizado la ropa para comunicar identidad y posición.
La diferencia está en la facilidad con la que se puede leer el mensaje.
Un logo puede reconocerse desde la acera de enfrente.
Un buen corte, un tejido excepcional o el equilibrio de una silueta quizá solo se perciban desde mucho más cerca.


Aquí es donde la conversación se vuelve interesante.
Cuando ya pertenecemos a un mundo social o cultural, muchos de sus códigos nos parecen naturales.
Reconocemos lo que rara vez se explica porque hemos visto a otras personas utilizarlo. Sabemos qué detalles importan, qué gestos resultan excesivos y qué formas de discreción comunican con mayor precisión.
Las reglas parecen evidentes porque alguien nos las enseñó como parte de una cultura.
Pero ¿qué ocurre cuando alguien llega de otro contexto?
Puede que no haya aprendido a entender y reconocer los mismos códigos.
Y, cuando hablamos de ropa, el logo es la señal más clara.
No es necesariamente una falta de gusto.
Louis Vuitton ofrece un ejemplo inesperadamente perfecto porque su Monogram no nació como un símbolo de estatus vacío.
En 1896, Georges Vuitton creó el patrón de iniciales entrelazadas y motivos florales, en parte como respuesta a las copias de los exitosos baúles de la maison.
El Monogram hacía visible la autoría. Protegía la identidad de la casa mientras rendía homenaje a su padre.
Un código creado para distinguir el trabajo original se convirtió en uno de los símbolos de estatus más reconocibles del mundo, y hoy es también objeto de numerosas copias y falsificaciones.
Brunello Cucinelli trabaja con una forma de reconocimiento casi opuesta.
La empresa ha descrito la ausencia de un logo visible como parte de su exclusividad. Espera que el cliente reconozca sus prendas por el gusto de las colecciones, la calidad de los materiales y el propio trabajo artesanal.


Pero, como puedes ver en las fotografías, al observar las colecciones de pasarela de Louis Vuitton no siempre encontramos logos visibles.
¿Por qué?
La identidad de la marca sigue siendo la misma, pero la clientela a la que se dirige puede ser diferente.
Algunos clientes quieren un símbolo que se reconozca de inmediato. Otros ya reconocen la marca por su diseño, materiales, construcción y lenguaje creativo.


Y esto nos lleva al segundo punto.
Llega un momento en el que entendemos que la verdadera riqueza no se mide por el tamaño de nuestra cuenta bancaria ni por las cosas que hacemos.
Se mide por quienes somos, por cómo vivimos, por lo que construimos y logramos, por con quién lo compartimos y por lo que dejamos a las generaciones futuras.
Una misma casa puede hablar a personas distintas a través de códigos diferentes.
La verdadera diferencia quizá no esté entre llevar un logo y rechazarlo.
Quizá esté en si lo que vestimos representa quienes somos y lo que queremos representar.
Fuentes de las imágenes: Brunello Cucinelli y Louis Vuitton.