La semana pasada tuve la oportunidad de conocer por dentro Tessitura Attilio Imperiali, en Lurate Caccivio, en la provincia de Como.
Fue una de esas visitas que se quedan contigo. Y, curiosamente, una de las cosas en las que más pensé mientras estaba allí fue un zapato.
Cuando vemos un zapato de satén, el tejido parece casi una superficie única. Pensamos en la forma, en el color, en el brillo. Tal vez en la comodidad. Pocas veces pensamos que ese satén se tejió hilo a hilo antes de convertirse en parte del zapato.
El cuero procede de una piel. El satén nace del encuentro entre hilos. Parece obvio al decirlo, pero es fácil olvidarlo cuando usamos la pieza terminada.

El tejido antes de la pieza
Attilio Imperiali nació a principios del siglo pasado como una empresa familiar vinculada a la seda. El oficio pasó de una generación a otra y, poco a poco, la empresa creció y diversificó sus tejidos.
Hoy produce para marcas de moda de alta gama. Entre sus tejidos está Raso Imperiali, desarrollado para zapatos, bolsos y accesorios. Además de seda, trabaja con algodón y otras fibras.
Ya había visto muchos de esos materiales desde fuera, en las colecciones y en los productos terminados. Estar dentro de la tejeduría fue otra experiencia.
Pude tocar los tejidos, mirar los muestrarios y observar las máquinas. Como diseñadora de moda e ingeniera mecánica de formación, hay algo en ese ambiente que me hace sentir en casa. La combinación de creación, materia y mecanismo me produce placer y despierta buenos recuerdos. Me gusta entender cómo algo va tomando forma, y allí podía verlo ante mis ojos.

El ritmo del telar

Hay etapas que no fotografié ni grabé, por respeto a la privacidad. Pero puedo intentar describir una imagen: hilos finísimos entrando en el telar y una atención constante para que el tejido salga como debe. En algunos trabajos, las máquinas avanzan más despacio. Después, el tejido terminado se examina detenidamente. Si aparece alguna irregularidad, se señala para que quien vaya a trabajar con él sepa dónde está. Según el caso, se retira ese tramo.
Eso me hizo pensar en cómo hablamos del crecimiento industrial. Muchas veces, la primera respuesta es producir más y más rápido. Allí vi también otra decisión: adaptar el ritmo al material y dedicar tiempo a comprobar el resultado.
La calidad no depende solo de escoger un hilo bonito. También nace de muchas decisiones tomadas mientras el tejido aún está en el telar.
Mucho antes de la forma final
Y tejer es solo una parte de la historia.
Antes estuvo la fibra, que quizá llegó de otro lugar y pasó por otros procesos hasta convertirse en hilo. Después, el tejido entra en un proyecto: un dibujo, un patrón, una prueba, una elección de color, una idea creativa que a veces tarda mucho en madurar. Solo entonces alguien corta, cose y transforma todo eso en una prenda, un bolso o un zapato.
Al mirar el producto terminado, es fácil imaginar que su historia comenzó con quien lo diseñó o lo cosió. La visita me recordó que esa cadena es mucho más larga, y cuántas personas y conocimientos caben en algo que, a primera vista, parece sencillo.

Para mí, conocer Attilio Imperiali tuvo un valor muy personal. Salí recordando por qué me emocionan tanto la moda y la ingeniería: ambas me permiten ver el trabajo invisible que existe antes de la forma final.
Y ahora, cuando miro un zapato de satén, recuerdo las manos y la dedicación que hubo antes.